Una
única lágrima
por la mujer que depositó toda su confianza en alguien que acabó con su salud
mental y física.
Por
esa niña tomada a la fuerza por un hombre de edad avanzada y obligada a parir
otro niño igual que ella.
Por
la madre de familia que trabaja para alimentar a su familia, y en su ambiente
laboral se aprovechan de ella.
Por
las que no pueden alzar la voz porque no quieren quedarse sin sustento económico,
o peor, sin vida.
Por
la adolescente que contrajo sida producto de una violación cuando regresaba del
colegio.
Por
la universitaria cuyo cuerpo jamás apareció.
Por
las miles de mujeres, jóvenes y niñas que sufren de acoso en las calles, en el
colegio, en la universidad, en el trabajo y en sus propias casas.
Por
todas las que tienen miedo.
Será
solo una lágrima, una llena de impotencia, de rabia, de coraje, de indignación
y de tristeza.
Pero
no será más que una, y prometo que mientras yo no sea una de esas mujeres, voy
a luchar.
Voy
a luchar por mis hermanas, por mis primas, por mi mamá, por mi abuela, por mis
amigas, por las que no son mis amigas, por las que conozco y las que no conozco.
Voy
a hacer ruido, y no me voy a callar.
Hago
ruido porque soy mujer, y no quiero dejar de serlo.
Y
me seguirán escuchando así termine igual que todas ellas. Muerta.
En vista de todas las atrocidades que pasan en el mundo, la inconciencia, la indiferencia y el hecho de que ¡nos siguen matando! no pude evitar escribir esto.