lunes, 19 de noviembre de 2018

Café


Me despertaba y lo primero que miraba eran sus ojos color café, pero no café común, eran un color que no había visto antes, un café que te hacía querer sumergirte en él y empaparte de todo lo que escondían, profundos, pero no inciertos, embriagantes, confusos, hermosos.

Era totalmente normal que las horas se pasaran volando mientras miraba esos ojos, era indescriptible la manera en que las horas se volvían agua entre los dedos, la comida solo un montón de paja en el desierto y la luz… no necesitaba más luz que la que me brindaba esa mirada perdida. Tan perdida como yo.

Amor es una palabra fuerte, pero yo necesitaba algo más fuerte para describir la sensación de vivir en esos ojos tan desconocidos. No era una obsesión, pero no me hubiese molestado que lo fuera. Tampoco era lujuria, pues ya no quería hacer nada más que estar acostado y observar los ojos. Tampoco era deseo carnal, pues mi cuerpo no se atrevía siquiera a tocarla por temor a estropear tal obra de arte. Tal vez era locura, de la más extraña que hayas conocido, no sé diagnosticarme, no soy yo el médico, pero sí sé que esos ojos están tan locos por mí como yo lo estoy por ellos.

No sé si es de día o de noche y tampoco sé si en aquel momento era primavera o invierno, había dejado de hablar mucho tiempo atrás, había dejado de encender la luz un poco de tiempo atrás y dejado de comer no sé desde cuándo. Pero si tú conocieras los ojos de los que te hablo, tampoco necesitarías ninguna de esas cosas tan humanas y corrientes. Solo con verlos serías capaz de sobrevivir, y es que ciertamente esos ojos son mi paz, mi felicidad, mi tristeza, mi desconcierto, mi alimento, mi amor, mi enojo, mis ganas de vivir, mi alma entera está consagrada a ellos.

Alguien derribó la puerta de mi habitación, y fue la primera vez que dejé de ver mi vida en esos ojos para ver lo que irrumpía este sagrado lecho de amor. Muchas personas que no sé reconocer entraron con mascarillas blancas en la cara, dejando al descubierto solo sus mundanos ojos, dolió ver otros ojos que no fueran los de mi vida, así que volteé de nuevo a ellos. Los extraños murmuraban palabras ininteligibles, estaban irrumpiendo mi paraíso, yo solo quería que se largaran.

“Amor perdóname”. Volteé a ver a los extraños y pregunté qué querían, juro que intenté comprender su respuesta pero todo lo que entendía fue: cadáver, sangre, manicomio. Me abracé con todas las fuerzas que me quedaban a mi hermosa vida, no iban a separar su mirada de la mía. Aún podía sentir su sangre seca contra mi rostro, por fin éramos uno y ellos querían separarnos.

No sé cuánto he pasado sin ver mi vida frente a mí, pero sí sé que tengo que ir a buscarla, y la única manera de hacerlo es tomando la rosa y acariciando mi cuello con ella de la misma manera que lo hice con mi hermosa de ojos café. Si los dos tenemos el mismo camino, tendremos el mismo destino.

21


Odio, autocompasión, vergüenza, y así podría seguir por unas cuantas horas más. Y es que cuando te señalan ese defecto con el que has luchado desde que tienes memoria, es como si todos esos sentimientos decidieran regresar a tu cuerpo y montar una enorme fiesta en tu cerebro repitiendo cosas como “tanto esfuerzo para nada”, “qué pena das”, “no lo has intentado lo suficiente”. Aunque tú sepas que en realidad lo has intentado, incluso creías haberlo vencido.

Llevo cerca de cinco o seis años luchando con esto de que me veo “demasiado seria”, al principio era difícil pues de esa manera crecí, de hecho yo nunca pensé que en realidad me viese de esa manera, mi mamá decía que soy tierna… pero las demás personas no tenían por qué mentirme y cada vez que alguien me describía utilizaba la palabra “seria”. Yo de verdad no quiero parecer de esa manera, tal vez por lucir así me he perdido de amistades increíbles o grandísimas aventuras. Así que decidí trabajar en ello, brindar sonrisas cada vez que tuviese la oportunidad, intentar no quedarme pensando en cosas que hicieran divagar mi mente y así evitar que mi rostro tomara esa expresión tan seria, incluso a veces llegaba a parecer tonta riéndome sola. De verdad creía que lo había logrado.

Estoy con personas a quienes considero mis amigos platicando sobre el chico que me gusta, ese que a duras penas habla conmigo, pienso que tal vez es demasiado tímido o simplemente no le agrado. Es algo normal, soy agradable pero obviamente no para todos. Pero mi amigo ha utilizado la frase

“…demasiado seria”

¿Recuerdan la película Chicken Little cuando al pobre pollito le empezaba a caer el cielo encima y él era el único en darse cuenta de eso? Esa es mi exacta situación en este momento. Tanto esfuerzo, tanto trabajo, de verdad creí que lo había logrado esta vez
Y acá es cuando empieza el ciclo de nuevo:

Pensar

Pensar

Pensar

Pensar aún más

Seguir pensando en lo mismo

No llegar a otra conclusión más allá que: fallaste otra vez

Alejarme de todos

Llorar

Seguir pensando

Llorar

Fracaso

Extrema felicidad

Hacer como si no importara

Estoy harta de ese ciclo pero realmente mi vida se resume en eso cada vez que algo sucede, los consejos que he obtenido son: no le des tanta atención a las cosas, te lo tomas todo muy en serio, ocupa tu mente en otras cosas, etc. Supongo que debería hacer eso pero en realidad es difícil. Espero superar todo esto algún día, mientras tanto seguiré ocultándolo y plasmándolo en páginas que probablemente en algún momento alguien lea. Y espero que ese alguien lo haga solo porque le llamó la atención y no porque se sienta identificado. No quiero que nadie pase por lo mismo, es demasiado estresante.

Imaginen juntar dos personas que se cuestionan cada simple decisión que toman durante horas, días e incluso semanas.






Esto es algo que encontré en el "vagón de los recuerdos" que es mi computadora, lo escribí seguramente por allá por el 2016 y he decidido colocarlo acá porque se me hace muy interesante ver mi progreso al escribir, mi crecimiento como persona, y además conocer mi forma de desahogarme en ese tiempo.
PD. no recuerdo quién me gustaba en ese entonces, jaja.

Máscaras


Te sorprendería saber cuántas máscaras una persona puede tener. Dicen que hay quienes son tan abiertos que los lees con una simple mirada, y también están los que son más cerrados que las piernas de una virgen. En realidad pienso que todos los seres pensantes y con consciencia son un misterio, nunca llegarás a conocer a una persona en su totalidad porque no somos capaces de conocernos ni siquiera a nosotros mismos.

La vida, los grupos, la consciencia, los humanos en sí somos un misterio. ¿Por qué crees que existen personas exitosas y suicidios día tras día? ¿Por qué existe felicidad y tristeza? Básicamente, ¿Por qué hay polos opuestos en, esencialmente, todo?

“No hay mal que por bien no venga.” Es uno de los dichos más famosos y las personas de hecho lo creen. Si te pasó algo malo definitivamente vendrá algo bueno para ti. Lamento romper el hechizo pero no funciona así. 

A lo que quiero llegar es que todo lo que nos pasa es porque nosotros lo hemos construido, las personas no se ponen tristes o felices porque sí, aunque no te des cuenta siempre hay un motivo. Te sientes solo o sola porque en algún momento dejaste a alguien de la misma manera cuando te necesitaba. No lo sabes ahora pero espero lo descubras en algún momento.

Las personas regularmente actúan por conveniencia, si alguien te habla es porque espera algo de ti, así sea simplemente distraerse, te habló porque buscaba distracción en ti. No te sientas mal, así somos todos. El humano actúa por instinto, si tienes hambre y no quieres cocinar, le hablas a alguien para que cocine por ti. Si te sientes triste y quieres desahogarte, le hablas a alguien que sabes que te escuchará. Solo son ejemplos pero quiero que sepas que si alguna vez te sentiste utilizado, no estés mal, has utilizado gente desde que naciste y probablemente nunca te diste cuenta.

Regresando al tema de las máscaras. ¿Has pensado que a veces tu mamá habla contigo de diferente manera de la que lo hace con sus amigos? O tal vez ¿que tú mismo te comportas en casa de diferente manera que en el colegio o la universidad? La respuesta está en las máscaras. Utilizas una para estar en casa, otra para ir al trabajo, otra para ir por la calle, otra para hablar con ciertas personas, y una, probablemente tu favorita, para hablar con tu pareja.
Quiero tocar el tema de la pareja porque si en realidad la o lo aprecias, deseas que esa persona piense lo mejor de ti. Que vea la mejor “versión” de tu Yo. Tu mejor máscara. Y de ahí, existen los engaños y las desilusiones. Engañar a alguien no combina con la máscara perfecta, mentir y decepcionar, mucho menos. Esa es la razón por la que todas esas acciones imperfectas se van a una máscara que definitivamente no pretendes usar muy pronto.
Existe un riesgo al usar máscaras y es cuando no recuerdas cambiártela y utilizas la equivocada con la persona equivocada, puede que muestres algo que no querías que ésta persona viera y ahí es cuando lastimas la máscara de alguien más.

No cualquiera domina perfectamente el arte de usar máscaras por la vida.

domingo, 18 de noviembre de 2018

16



Siempre hay algo al inicio de todo, un creador, o tal vez solo alguien que existió antes que nada más. Nadie sabe de dónde salió, tal vez evolucionó o tal vez solo apareció por arte de magia, en realidad no importa, lo que importa es que existe.

Topo fue lo primero que existió, el mundo era inmenso, un mundo verde y azul lleno de flores de muchísimos colores y también animales, pero Topo no tenía con quién hablar. Se le ocurrió inventar un amigo, uno que estuviera siempre alegre y con quien pudiera jugar y enseñarle el lugar en que vivían. Lo deseó tanto tanto, que su amigo apareció justo enfrente de él, hecho de plantas y árboles, pero luego apareció un segundo amigo, y un tercero… y así sucesivamente, hasta que pudiera armar ¡todo un ejército! Topo era el chico más feliz (y el único) del mundo, y ahora tenía amigos.

Sus amigos no eran muy experimentados, no conocían el mundo ni nada que los rodeara, obviamente, para ellos todo era nuevo. Les divertía lo peligroso, les emocionaban los colores y jugaban con todo lo que se encontraran. Topo quería enseñarles todo lo que sabía, así que los llevaba a todas partes dentro de una bolsa hecha de hojas. Poco a poco, fue nombrando a cada uno de sus amigos, les ponía los nombres más raros que se le pudiesen ocurrir, como Pengu, Casi, Tomo, Sifo, Nico, Masi, Eler, Rise, Mochi, Arda, Pani, Kile, Medu, Doro y Yaco.
A todos los amigos les empezaron a gustar más ciertas actividades que otras que Topo les enseñaba, algunos preferían cazar, otros cocinar, otros pintar, otros hacían música y así cada uno tenía una preferencia específica, mientras que uno de ellos, Sifo, prefería observar todo, dibujar lo que observaba en las paredes de su cueva y analizar. A Topo no le molestaba la actitud de Sifo, al contrario, le gustaba mucho que ella se fijara tanto, pues así, si a él se le olvidaba algo, Sifo se lo recordaría.

No se sabe exactamente cuánto tiempo pasó, pues ellos aún no controlaban el tiempo, pero Sifo había descubierto muchísimas cosas, entre ellas, que no le gustaba que el líder y el que conociera todo sobre todo lo que existía, fuera alguien más que ella misma, así que tomó una decisión: ella tomaría el control. Empezó contándole a Topo todos sus descubrimientos sobre cómo llevar una vida en orden: siendo sedentarios, asignándole trabajos a cada uno, y que estos trabajos fueran siempre para conservar el orden y que todos reconocieran a un líder y dueño.

Topo que era tan bondadoso e inocente, le dio el trabajo a Sifo de que se encargara de asignar los trabajos para los amigos, pues él consideró que todo el plan de ella era una fantástica idea para progresar.

El plan de Sifo funcionaba a la perfección, entonces le asignó a todos trabajos que a ellos no les gustaran, por ejemplo, al pintor lo hizo agricultor, al cocinero lo puso a crear dinero, al músico a contar el dinero, al cazador a recolectar el dinero para el jefe, a Topo a barrer y limpiar las calles, y a sí misma, el trabajo de gobernadora. Así es como Sifo tomó el control de toda la población ya que cada uno de los amigos debía obedecer a Topo, y él les había ordenado que obedecieran a Sifo, orden que hasta él mismo siguió al pie de la letra.
Poco tiempo después, a todos se les había olvidado cuál era su pasatiempo favorito, los colores pasaron de verdes claros y vivos, a verdes oscuros y tristes y las sonrisas a gestos inexpresivos, ya que cada vez que uno recordaba su pasatiempo, Sifo lo castigaba.

No se sabe cuánto tiempo más pasaron en la rutina y la tristeza, pues ellos aún no controlaban el tiempo, pero sí se sabe que fue muchísimo. Tanto que las pecas en los rostros de los amigos se borraron, la madera de la que estaban hechos sus cuerpos se suavizó, perdió su color y desde entonces, ya no se usó el verde, solo el gris. Y Sifo… bueno, Sifo siguió dibujando todos los comportamientos, pues nunca logró descubrir eso que a Topo hacía sonreír cuando él era el líder.





Este fue un texto que escribí para Taller de actuación I en la ESA. Surgió de una serie de ejercicios con mis compañeros de clase y pues, me gusta mucho y quería contarlo ah.

Humanidad



Hay frío en una ciudad que es parte de un país donde siempre hay calor. En una ciudad donde han vivido las mismas diez familias desde hace muchos, muchísimos años. Han vivido con lo que cada una cosecha, con lo que cada una construye, con lo que cada una produce; el trueque es la base de su economía y el asesinato es parte de su folklor. Lo que estas familias no saben, ya que nunca han salido de casa, es que en el resto del país hay calor, un calor rojo, abrasador, donde las personas conforman otras diez familias y estas son hechas de llamas y no de carne y hueso. Ya que nunca se ha dado la oportunidad, los habitantes de esta ciudad no han hablado con una de las personas de fuego. Dado lo absolutamente extraño del país, los chicos de fuego nunca se han dado cuenta que falta algo en el centro, hay un pequeño agujero azul. Extrañar el frio es parte de ser chico de fuego, extrañar el calor es parte de ser chico oscuro. Parte del mundo tampoco nota la existencia de este país, porque ¿quién quiere ver chicos de fuego caminar por las calles o personas de carne y hueso que siempre tienen frío? Tampoco es de extrañarse el hecho de que los habitantes de todo el país son hostiles, irreales, monótonos, aburridos y vengativos. Los habitantes del todo no pueden ser así, tienen que ser personas libres, contentas, sin temor al otro o a la otra, pero las cosas nunca pueden ser ideales. 

El Todo de nuestra pequeña ciudad adora el frío y todo lo que esto representa, como la oscuridad, el azul, el hielo, la falta de humanidad, la carencia de sentimientos y la rebeldía. El Todo del resto del país adora el calor y todo lo que esto representa, como la luz, el rojo, el fuego, la sangre, la pasión, la excesiva presencia de sentimientos y el asesinato. El Todo de fuego suele atormentar a la ciudad fría y el Todo de hielo suele atormentar a la ciudad en llamas. 

Con todo este contexto puedo llegar al momento en que un chico de fuego y un chico oscuro cruzan palabras por primera vez, aunque no debería ser posible. De hecho, es inhumano. Es como retar sus raíces, pero a ellos ya no les interesa en lo mas mínimo, a ellos les interesa conocer el mundo exterior, y saber por qué en los mapas mundiales, su pequeño país aparece como un gran agujero negro. Por qué solo las mismas familias viven allí. Por qué hay tantos asesinatos pero la gente no se acaba. Por qué no existen personas de otro tipo. La investigación entre ambos crece y crece pero también crece el miedo, no saben por qué se sienten así. Es como si alguien estuviese observándolos. Sienten el clima del otro y su sangre en la cabeza. Tienen la conclusión y están dispuestos a comunicarla a todo el país. La conclusión dice que al parecer están localizados en algo que el resto del mundo llama con un nombre muy peculiar, se llama… negro. Negro. Negro y de nuevo todo es negro. 

Los señores Todo de frío y calor necesitan mantener su país bajo control. Hay que devolverlos al inicio negro porque ya investigan, ya no tienen miedo y ya no obedecen al rojo y al azul, y si siguen así, el resto se enterara de su existencia y sucederá lo que sucedió con la caja de Pandora, pero esta vez, no habrá esperanza.
 

Cuadros de plástico



Dos niños, con sus trajes de colores pastel, él celeste y ella rosado. Forman un cuadro muy típico de revista ochentera mientras juegan con tronquitos, legos, o lo que su joven madre les haya brindado. Su madre, una mujer no mayor de treinta y cinco años, suele usar vestidos blancos con diferentes estampados. Es joven, hermosa y con la sonrisa más blanca que tus ojos hayan visto. El padre, un hombre joven, usa demasiadas camisas tipo polo para un guardarropa común, también muestra una sonrisa blanca, totalmente dedicada a su esposa. Todo esto mientras él sostiene un periódico y ella lava un sartén. Te lo dije, un cuadro muy ochentero, o puede que sea sesentero, incluso post-guerra. Sus vidas son plásticas, modeladas por la sociedad, felices. Pero nadie puede ver si son en realidad tan felices como lo muestra su sonrisa o si solo es eso, un cuadro.

Cuando la luz se apaga, los dos niños cambian sus trajes de colores pastel, por trajes de color negro, un cuadro muy típico de… de la nada, mientras juegan con nada, la nada que su joven madre les ha brindado. Su madre, una mujer sola, triste y frustrada, no mayor de treinta y cinco años, suele no llevar ropa, pues así puede sentirse un poco libre al menos. Es joven, depresiva y con una mirada que podría matar a cualquiera si se lo propusiera. Su padre, un hombre poco inteligente, abusivo y dictador. Él, en cambio, lleva demasiada ropa con la que intenta cubrir su verdadera personalidad, su mirada es fuerte, lo suficiente para dejar de gritar en momentos de desesperanza. Todo esto mientras él levanta la mano a su esposa y ella se alza en toda su longitud, levanta la mirada de la manera más retadora que encuentra y llora, pero de cólera e impotencia. Te lo dije, un cuadro de la nada. O incluso de todo. Un cuadro de todo. Nadie puede ver si son en realidad tan infelices como lo muestra su mirada o si solo es eso, un cuadro.

20

La muerte puede ser asombrosa, solo debes estar listo para cuando venga. Tengo veinte años y estoy más que listo. Y no, no soy muy joven para morir. Crecí bajo aquel lema de los rockeros “vive rápido, muere joven”. Me gusta tanto porque los chicos que vivían bajo él eran geniales, iban a fiestas, bebían alcohol, consumían drogas, tenían sexo y algunos ¡hasta tenían una banda! Pues yo… no soy nada como ellos, ya no tengo amigos, no voy a fiestas a menos que éstas sean en línea, no consumo drogas, soy virgen, no toco ningún instrumento y la única vez que bebí alcohol fue a los quince en la boda de mi hermana mayor, Sarah. Ella se casó a los veintidós años con Martín, un chico que ojala hubiese tenido la misma cantidad de dinero que de neuronas, me molestó porque ella vivía bajo mi mismo lema, aunque a diferencia mía, ella sí que lo honraba. Sarah casi muere de una sobredosis a los diecinueve años, pero en vez de morir, Sarah se casó. Al final del día cada quien elige diferentes maneras de matarse. 

De cualquier manera, tengo listos tres métodos para matarme. Mejor llamémosle “darle fin a mi vida”, suena más bonito. El método uno, son las navajas, el plan es pasar la más filosa por mi cuello y morir, ya sea por el dolor o ahogado con mi propia sangre. Eso me recuerda al tío Oscar que murió borracho y ahogado con su propio vómito, al menos mi método es más limpio. 


El método dos es, tomar muchas pastillas, este método tiene un alto riesgo de no funcionar y me gusta porque si a último momento me arrepiento, puedo tomar las pastillas igual para no quedar como un gallina, y con la mejor de las suertes, alguien me encontrará y me llevará al hospital donde recibiré un lavado de estómago, dos semanas internado para que no lo vuelva a intentar y luego ¡libre como el viento! Aunque alguna vez leí que si cometes intento de suicidio y este no funciona, pueden meterte preso, ¿es eso cierto? En realidad espero que no, porque ir preso sería el mayor de mis fracasos.


El método tres es colgarme y morir ahorcado, ya tengo mi silla y mi cuerda, es la misma que usaba para jugar cuando era un niño. Siempre me gustó jugar con ella, pues podía ser lo que sea que pudiera imaginar. Una cuerda puede ser una cola de caballo, una serpiente e incluso… ¡cuerdas! Una vez casi muero por una de ellas. Cuando tenía ocho o nueve años, estaba jugando al vaquero, tenía hasta un sombrero imagínense. Entonces venía el villano hacia mí, en su caballo negro y le lancé la cuerda para poder atraparlo, en realidad no sé cómo lo hice pero terminé con ella alrededor de mi cuello. Sentía que el aire ya no llegaba a mi cerebro, me estaba muriendo, grité como pude y por suerte llegó mi papá quien la cortó y me liberó. Él dijo más tarde que la cuerda ni siquiera estaba apretada, que solo había sido mi mente jugándome feo. En realidad espero que si no consigo manera de colgar la cuerda del techo, pueda solo ponerla alrededor de mi cuello y que mi mente haga su trabajo, ojalá esta vez sí me mate pues mi lema a los ocho años no tenía tanto sentido como lo tiene a los veinte. 


Esto me recuerda a que mi papá siempre se aparece en los momentos menos indicados. Verás, soy virgen por su culpa. A los diecisiete, todos mis amigos tenían novia, iban de fiesta y llegaban muy tarde a sus casas, excepto yo. 


Estudiando mi comportamiento, me pude dar cuenta que era porque no tenía novia. Así que lo decidí, necesitaba una. El ciclo escolar empezó y dediqué un par de meses a observar a las chicas de mi salón, las más lindas eran Crista y Laura, intenté acercarme a Crista pero era lesbiana, intenté con Laura y luego de un mes de darle regalos y poemas, me di cuenta que estaba saliendo con David. Todas las buenas chicas estaban apartadas y yo estaba desesperado. Decidí mirar entre las no muy agraciadas, y entre todas, la única soltera fue Kathy. Kathy era… amable. Empecé a hablar con ella y en realidad era agradable, aunque hablaba mucho. La invité a salir y ella aceptó.  El día de la cita tenía planeado llevarla al cine, antes de salir, quise pedirle dinero a mi papá y no estaba, busqué a mamá y me hizo lavar los trastes por veinte quetzales. ¿Qué iba a hacer yo con veinte quetzales? Fui a casa de Kathy y le dije que nuestra cita sería en mi casa. Compré poporopos, Coca-cola y obviamente… condones. Llegamos a mi casa y poco a poco, las cosas se fueron poniendo intensas, un vestido talla XL estaba en el piso junto con mi camiseta y mis pantalones. Una chica grande estaba debajo de mí y yo me preocupaba por cómo haría para insertar mi pene en algo perdido bajo esa blanca panza. Cuando al fin estaba listo, entró… mi papá gritando que para qué lo estaba buscando. Fin de mi vida sexual.

En fin, creo que después de todo este tiempo, el método indicado para ponerle fin a mi vida, es colgarme con la cuerda. El techo de mi habitación es cielo falso así que si quito una de las planchas de duroport, puedo colgar la cuerda de una de las vigas. Solo tengo que lanzarla como si fuera a atrapar al villano del caballo negro, amarrarla, hacer el nudo, subirme a la silla, poner la cuerda alrededor de mi cuello y saltar de la silla. Una vez vi en un vídeo que cuando ahorcaron de la misma manera a un chico, se le cayó la cabeza. Imagínense que eso me sucediera… sería muy genial en realidad, tal vez traumatizante para quien entre a mi cuarto, pero genial.


Todo está listo ahora. Cuerda al cuello. De pie sobre la silla. Puerta entreabierta.
Mi maestra decía que antes de hacer algo, hay que respirar profundamente. Las lágrimas nunca te dejan respirar así, cuando lloras siempre te llenas de mocos en la nariz y eso impide las respiraciones profundas, es muy molesto.


Tengo veinte años.


No tengo más años por cumplir.
 

Tenía una hermana y ella tenía un esposo.
 

Lo de las pastillas no funcionó.
 

Tenía una mamá que tejía suéteres.
 

La cuerda es mi última oportunidad.
 

Espero que sirva para que vengan a rescatarme.
 

Mi papá siempre aparecía en los “momentos menos indicados”.
 

Supongo que este no es un “momento menos indicado”.