Siempre hay algo al inicio de todo, un creador, o tal
vez solo alguien que existió antes que nada más. Nadie sabe de dónde salió, tal
vez evolucionó o tal vez solo apareció por arte de magia, en realidad no
importa, lo que importa es que existe.
Topo fue lo primero que existió, el mundo era inmenso,
un mundo verde y azul lleno de flores de muchísimos colores y también animales,
pero Topo no tenía con quién hablar. Se le ocurrió inventar un amigo, uno que
estuviera siempre alegre y con quien pudiera jugar y enseñarle el lugar en que
vivían. Lo deseó tanto tanto, que su amigo apareció justo enfrente de él,
hecho de plantas y árboles, pero luego apareció un segundo amigo, y un tercero…
y así sucesivamente, hasta que pudiera armar ¡todo un ejército! Topo era el
chico más feliz (y el único) del mundo, y ahora tenía amigos.
Sus amigos no eran muy experimentados, no conocían el
mundo ni nada que los rodeara, obviamente, para ellos todo era nuevo. Les
divertía lo peligroso, les emocionaban los colores y jugaban con todo lo que se
encontraran. Topo quería enseñarles todo lo que sabía, así que los llevaba a
todas partes dentro de una bolsa hecha de hojas. Poco a poco, fue nombrando a
cada uno de sus amigos, les ponía los nombres más raros que se le pudiesen
ocurrir, como Pengu, Casi, Tomo, Sifo, Nico, Masi, Eler, Rise, Mochi, Arda,
Pani, Kile, Medu, Doro y Yaco.
A todos los amigos les empezaron a gustar más ciertas
actividades que otras que Topo les enseñaba, algunos preferían cazar, otros
cocinar, otros pintar, otros hacían música y así cada uno tenía una preferencia
específica, mientras que uno de ellos, Sifo, prefería observar todo, dibujar lo
que observaba en las paredes de su cueva y analizar. A Topo no le molestaba la
actitud de Sifo, al contrario, le gustaba mucho que ella se fijara tanto, pues
así, si a él se le olvidaba algo, Sifo se lo recordaría.
No se sabe exactamente cuánto tiempo pasó, pues ellos
aún no controlaban el tiempo, pero Sifo había descubierto muchísimas cosas,
entre ellas, que no le gustaba que el líder y el que conociera todo sobre todo
lo que existía, fuera alguien más que ella misma, así que tomó una decisión:
ella tomaría el control. Empezó contándole a Topo todos sus descubrimientos
sobre cómo llevar una vida en orden: siendo sedentarios, asignándole trabajos a
cada uno, y que estos trabajos fueran siempre para conservar el orden y que
todos reconocieran a un líder y dueño.
Topo que era tan bondadoso e inocente, le dio el
trabajo a Sifo de que se encargara de asignar los trabajos para los amigos,
pues él consideró que todo el plan de ella era una fantástica idea para
progresar.
El plan de Sifo funcionaba a la perfección, entonces
le asignó a todos trabajos que a ellos no les gustaran, por ejemplo, al pintor
lo hizo agricultor, al cocinero lo puso a crear dinero, al músico a contar el
dinero, al cazador a recolectar el dinero para el jefe, a Topo a barrer y limpiar
las calles, y a sí misma, el trabajo de gobernadora. Así es como Sifo tomó el
control de toda la población ya que cada uno de los amigos debía obedecer a
Topo, y él les había ordenado que obedecieran a Sifo, orden que hasta él mismo
siguió al pie de la letra.
Poco tiempo después, a todos se les había olvidado
cuál era su pasatiempo favorito, los colores pasaron de verdes claros y vivos,
a verdes oscuros y tristes y las sonrisas a gestos inexpresivos, ya que cada
vez que uno recordaba su pasatiempo, Sifo lo castigaba.
No se sabe cuánto tiempo más pasaron en la rutina y la
tristeza, pues ellos aún no controlaban el tiempo, pero sí se sabe que fue
muchísimo. Tanto que las pecas en los rostros de los amigos se borraron, la
madera de la que estaban hechos sus cuerpos se suavizó, perdió su color y desde
entonces, ya no se usó el verde, solo el gris. Y Sifo… bueno, Sifo siguió
dibujando todos los comportamientos, pues nunca logró descubrir eso que a Topo
hacía sonreír cuando él era el líder.
Este fue un texto que escribí para Taller de actuación I en la ESA. Surgió de una serie de ejercicios con mis compañeros de clase y pues, me gusta mucho y quería contarlo ah.
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